Un día más.
Hoy el día amaneció muy cargado
así estuvo hasta ahora que son las diez de la noche. Recuerdo que hace tiempo de repente me emocionaba, me sentía inmensamente feliz, de repente, sin saber porqué
eso hace mucho que no ocurre. A veces parece que el día acumula algún tipo de mala energía durante muchas horas, a veces incluso durante semanas, para después estallar en una inmensa tormenta. Siempre me resultó odioso eso que te dicen cuando niño: ya verás que cuando seas mayor las cosas son mucho más difíciles, no te quejes que ahora tienes todo lo que quieres, todo es una triste verdad. Pero no me asusta que ahora las cosas puedan ser más complicadas o que tenga preocupaciones con las que es difícil conciliar el sueño, no, lo que me preocupa es otra asertación: cuando eres viejo te quedas solo, muy sólo, porque los amigos se van y la familia te considera un estrobo. Si lo primero ha resultado ser cierto, esto tiene el aspecto de estar muy bien encaminado hacia una vejez ausente, sola. Amigos espero conservar y familia no más de la que tengo ahora, francamente, pero yo
dónde estaré yo
Yo creo que somos como las tormentas. Hoy me han vuelto a llamar hijo de puta en el trabajo. Algún día todo explota y podemos llover durante horas. El viejo que pide en la puerta del Mercadona me ha vuelto a mirar así y yo, mientras me comía un donut, he vuelto a pasar de largo. ¿A dónde estamos mirando? Yo quiero volver a emocionarme como lo hacía antes. Antes me apasionaba pensar en lo que me podía deparar el futuro, en lo que haría, en lo que me convertiría ahora ya sé que no voy a ningún sitio. Me impuse a mí mismo la costumbre de no hacer planes a más de seis meses de distancia. Quién sabe si eso no acabará encorvando la espalda de tanto mirar al suelo. Antes había cosas bellas que me empañaban los ojos ¿dónde están? Creo que todo sigue en su sitio debo estar mirando al sitio equivocado.
Yo creo que somos como las tormentas. Hoy me han vuelto a llamar hijo de puta en el trabajo. Algún día todo explota y podemos llover durante horas. El viejo que pide en la puerta del Mercadona me ha vuelto a mirar así y yo, mientras me comía un donut, he vuelto a pasar de largo. ¿A dónde estamos mirando? Yo quiero volver a emocionarme como lo hacía antes. Antes me apasionaba pensar en lo que me podía deparar el futuro, en lo que haría, en lo que me convertiría ahora ya sé que no voy a ningún sitio. Me impuse a mí mismo la costumbre de no hacer planes a más de seis meses de distancia. Quién sabe si eso no acabará encorvando la espalda de tanto mirar al suelo. Antes había cosas bellas que me empañaban los ojos ¿dónde están? Creo que todo sigue en su sitio debo estar mirando al sitio equivocado.
4 comentarios
Silvia Roma -
Besos
nadaenconcreto -
RiSy -
X -
Besotes en el trasero