Y qué pasaría si...?
A veces uno se hace preguntas, algunas son preguntas tontas, otras son algo más inteligentes (yo estoy abonado a las primeras) y otras son sencillamente imposibles. Yo tengo un truco y es preguntarle a la ciudad; el problema es que esto sólo funciona en invierno, ahora la ciudad está de vacaciones y los puentes solo dicen tonterías (los puentes, ya se sabe, siempre con sus cosas). Las preguntas se me amontonan en el contestador esperando que les de respuesta. Tema difícil.
"Hay que vivir, no hay que esperar" decía Lorca. Trato de grabarmelo a fuego pero tampoco creo que le pueda preguntar muchas cosas a Lorca (cuando se pone poético no hay quién le entienda). Es bonito oir esa melodía al oido y tener un piano donde tocar... pero no sé si mi piano podrá hacer sonar mis canciones o si yo sabré tocarlas... La piscina es grande y el agua refresca, pero tampoco sé cómo es de profunda ni si me puedo tirar de cabeza.
De momento, como siempre, andar y no decelerar el paso aunque suene detrás de mi ese "clinclín" de la caja de música, aunque la bailarina tenga trenzas, porque ya sé que no existe. La sangre de las heridas es buena para lavarse los ojos por la mañana y es ideal para secar las lágrimas. Pero tanta sangre hacer verlo todo rojo, o demasiado bonito (viene a ser lo mismo).
Hay una imagen que me encanta y es la que veo por la ventana del tren cuando vengo a Madrid en invierno y si llueve... inmejorable. Las gotas, que se restriegan en los cristales a causa de la velocidad del tren, trazan caminos, caminos impredecibles, mapas de agua. Cada camino se puede deshacer en un segundo, y en un segundo se crean otros tres nuevos. Hay que vivir, tiene razón Federico, pero ¿cómo se vive si estás en uno de esos caminos que termina por secarse cuando asoma una lágrima de sol? Es más ¿cómo sabes si estás en el cristal de un tren o en un cubo de agua?
"Hay que vivir, no hay que esperar" decía Lorca. Trato de grabarmelo a fuego pero tampoco creo que le pueda preguntar muchas cosas a Lorca (cuando se pone poético no hay quién le entienda). Es bonito oir esa melodía al oido y tener un piano donde tocar... pero no sé si mi piano podrá hacer sonar mis canciones o si yo sabré tocarlas... La piscina es grande y el agua refresca, pero tampoco sé cómo es de profunda ni si me puedo tirar de cabeza.
De momento, como siempre, andar y no decelerar el paso aunque suene detrás de mi ese "clinclín" de la caja de música, aunque la bailarina tenga trenzas, porque ya sé que no existe. La sangre de las heridas es buena para lavarse los ojos por la mañana y es ideal para secar las lágrimas. Pero tanta sangre hacer verlo todo rojo, o demasiado bonito (viene a ser lo mismo).
Hay una imagen que me encanta y es la que veo por la ventana del tren cuando vengo a Madrid en invierno y si llueve... inmejorable. Las gotas, que se restriegan en los cristales a causa de la velocidad del tren, trazan caminos, caminos impredecibles, mapas de agua. Cada camino se puede deshacer en un segundo, y en un segundo se crean otros tres nuevos. Hay que vivir, tiene razón Federico, pero ¿cómo se vive si estás en uno de esos caminos que termina por secarse cuando asoma una lágrima de sol? Es más ¿cómo sabes si estás en el cristal de un tren o en un cubo de agua?
6 comentarios
Silvia -
X -
Thyrsis -
Brisa -
Moonsa -
Brisa -
Las preguntas... no las silencies, puedes compartirlas, yo también tengo muchas... Feliz día!